El anuncio oficial llegó desde Egipto en 2024: una misión egipcio-alemana localizó un fragmento que encaja con un coloso de Ramsés II documentado hace casi un siglo en el yacimiento de el-Ashmunein, la antigua Hermópolis Magna (gobernación de Minya). La noticia no es solo arqueológica; permite cerrar un expediente abierto desde los años veinte y vuelve a situar a Medio Egipto en el mapa del poder ramésida.
La pieza que vuelve tras 96 años: qué encaja y por qué importa
El hallazgo se describe como un fragmento mayor –la parte faltante de un coloso– que coincide en proporciones y líneas de fractura con secciones ya registradas por expediciones europeas de finales de la década de 1920. Ese encaje, verificado sobre el terreno y con técnicas de documentación actuales, reactiva una lectura integral de la estatua: composición, programa iconográfico y, sobre todo, su presencia en el espacio urbano y ritual de Hermópolis Magna.
Desde un punto de vista técnico, “encontrar la pieza que falta” no es solo un golpe de suerte. La identificación se apoya en: 1) coincidencia de superficies de rotura y vetas de la piedra; 2) correlación métrica del módulo escultórico; 3) epigrafía asociada (cartuchos y fórmulas reales) previamente documentada en los fragmentos antiguos. Ramsés II –Usermaatra Setepenra– multiplicó su imagen monumental por todo el país; reconocer sus nombres en contextos arquitectónicos da pistas sobre qué programa constructivo patrocinó en cada ciudad.
El valor inmediato es doble. Por un lado, conservación: la posibilidad de reensamblar un coloso con piezas recuperadas en campañas separadas por casi un siglo permite estabilizar el conjunto y planificar su presentación pública. Por otro, historia urbana: confirma que el papel de Hermópolis Magna bajo los ramésidas no fue marginal. La estatua monumental encaja con una ciudad que articulaba rutas y cultos entre el norte (Menfis/Heliópolis) y el sur (Tebas), y con un templo mayor dedicado a Thot.
Hermópolis Magna en la geografía del poder ramésida
Hermópolis Magna (Khmun en egipcio, el-Ashmunein en árabe) fue capital regional de Medio Egipto y centro del dios Thot. En la época de Ramsés II (1279–1213 a. C.), esa red de ciudades intermedias absorbía y redistribuía recursos, mano de obra y legitimidad religiosa. Instalar colosos en plazas o patios de templos era un gesto político: convertía la presencia del faraón en un hecho físico, visible a distancia y asociado a la arquitectura sacra.
La estatuaria monumental ramésida, ejecutada en piedra dura o caliza según el caso, funcionaba como propaganda durable. En Tebas, Memfis o Abidos, peanas y tronos con escenas de unión de las Dos Tierras y cartuchos reales repetían el mensaje de estabilidad. Que Hermópolis Magna exhibiera un coloso comparable implica algo más que estética: sugiere inversión estatal y prioridad simbólica en un corredor estratégico del Nilo medio.
Del colonialismo arqueológico a la cooperación actual
El arco de 96 años que separa ambas piezas encaja también en la historia de la arqueología egipcia. En los años veinte y treinta, expediciones europeas registraron y trasladaron fragmentos, a menudo bajo regímenes de reparto (partage) hoy superados. Esos hallazgos dejaron fotografías, planos y diarios de campo valiosos. El hallazgo de 2024 en Hermópolis Magna muestra el giro contemporáneo: trabajos dirigidos o co-dirigidos por equipos egipcios, con socios internacionales, que priorizan conservación in situ, documentación digital y beneficio para las comunidades locales.
La colaboración egipcio-alemana tiene un historial reciente solvente. En 2017, otra misión conjunta en Matariya (antigua Heliópolis, El Cairo) recuperó fragmentos de una estatua colosal primero atribuida a Ramsés II y luego identificada como Psamético I tras analizar los cartuchos. Aquella rectificación fue ejemplar: la ciencia avanza cuando contrasta hipótesis con datos. En Hermópolis Magna sucede lo inverso: el nombre de Ramsés II estaba ya sustentado por registros epigráficos del siglo XX; ahora, el encaje físico refuerza el conjunto.
Este tránsito –del coleccionismo extractivo a la investigación colaborativa– no es retórico. Cambia preguntas y respuestas: ya no se busca aislar “piezas maestras” sino reconstruir contextos, desde canteras hasta reutilizaciones tardías (spolia) en épocas grecorromanas o medievales. El coloso recompuesto es una pieza de ese rompecabezas urbano, no un fin en sí mismo.
Qué se puede concluir —y qué no—
Se puede concluir que el fragmento nuevo encaja con el conjunto documentado en el-Ashmunein y que su asociación con Ramsés II es consistente con la epigrafía y la tipología. Se puede concluir que el hallazgo añade masa crítica para un montaje museográfico o una exhibición controlada al aire libre. Se puede concluir, además, que la monumentalidad ramésida alcanzó también la capital de Thot con recursos y escala significativos.
Lo que no se puede afirmar—todavía—es la altura exacta reconstruida, la ubicación precisa original dentro del recinto sagrado o la secuencia completa de destrucción y enterramiento. Tampoco conviene forzar lecturas políticas inmediatas (“prueba de X o Y”); la arqueología trabaja por acumulación. Las próximas campañas, las tomografías de la piedra, los análisis de sales y morteros, y el cotejo con archivos fotográficos de los años veinte deberán completar la historia.
Metodologías: de la arena al escáner
El reencaje de grandes estatuas se decide en los detalles. Hoy, la fotogrametría de alta resolución, el escaneo láser y el modelado 3D permiten probar uniones virtuales antes de manipular toneladas de material. Si las rugosidades de fractura, la orientación de las inclusiones minerales y las curvaturas coinciden en el entorno digital, la probabilidad de un ajuste físico seguro aumenta. Es un cambio radical respecto a los años veinte, cuando el criterio era visual y la documentación se limitaba a placas y dibujos.
En paralelo, la conservación exige tratamientos menos vistosos y más determinantes: desalación para evitar cristalizaciones, consolidación de microfisuras con resinas compatibles, y sistemas de anclaje reversibles cuando se decida el montaje. Un coloso recompuesto no es un bloque monolítico: es una arquitectura interna de cargas que debe calcularse como si fuera una estructura contemporánea. La experiencia acumulada en sitios como el Rameseo (Luxor) o el complejo de Menfis ayudará a definir protocolos seguros.
Implicaciones: turismo, narrativa nacional y diplomacia cultural
En Egipto, cada noticia patrimonial dialoga con dos frentes: adelantos científicos y políticas de turismo. Un coloso de Ramsés II rearmado en Hermópolis Magna puede convertirse en un polo secundario de visita en la gobernación de Minya, tradicionalmente fuera del circuito masivo. Descongestionar Luxor o Giza y distribuir flujos hacia ciudades del Medio Egipto es una meta declarada: implica inversión en accesos, seguridad y museos locales.
Hay, además, una dimensión diplomática. Los proyectos egipcio-europeos sostienen relaciones a largo plazo, financiamiento y transferencia de técnicas. Cuando funcionan, generan confianza y atraen programas de formación, laboratorios compartidos y publicaciones. La reaparición de una pieza “perdida” durante casi un siglo añade un elemento narrativo potente: continuidad institucional y capacidad del Estado egipcio para custodiar, investigar y mostrar su patrimonio.
En la esfera pública, la tentación del titular hiperbólico es comprensible. Pero la ciudadanía gana más cuando se explica el porqué: qué nos dice esta estatua de la administración ramésida, de las rutas del Nilo medio, de la economía de los templos o de la iconografía de la realeza. Ese es el valor de fondo. Para ampliar contexto y lecturas críticas sobre patrimonio y ciencia, recomendamos la cobertura temática disponible en soycodigo.org, así como selecciones de libros y recursos en la sección de libros.
Hermópolis Magna, hoy: entre investigación y comunidad local
El yacimiento de el-Ashmunein convive con poblaciones cercanas. Un proyecto responsable no solo desentierra; dialoga con el entorno. Talleres educativos, exposiciones temporales en museos regionales, empleo técnico y guías locales son parte de esa ecuación. Reensamblar un coloso sin contarlo en las escuelas de Minya es perder una oportunidad de construcción de orgullo cívico e identidad compartida.
Los sitios de Medio Egipto también lidian con riesgos ambientales: ascenso de la capa freática, sales solubles, oscilaciones térmicas y vegetación invasiva. La gestión del agua de riego en los campos adyacentes afecta directamente a cimientos y esculturas. Incorporar soluciones de drenaje, monitoreo continuo y barreras físicas discretas debería estar en la hoja de ruta, junto con la capacitación de equipos locales para mantenimiento de rutina.
Lecciones de casos recientes
El episodio de Matariya (Heliópolis, 2017) demostró que atribuir con prudencia evita rectificaciones traumáticas. Allí, la identificación final de Psamético I se basó en cartuchos inequívocos; la conversación pública se mantuvo gracias a una comunicación franca de los equipos. En Luxor, proyectos de recomposición de colosos y pilonos han evidenciado que la paciencia –temporadas de campo sucesivas, pruebas de anclaje, simulaciones estructurales– rinde frutos estables. Hermópolis Magna puede beneficiarse de esas lecciones: menos prisa por inaugurar, más empeño en documentar y estabilizar.
En términos de investigación, el coloso recompuesto será una fuente para pensar la estandarización de la imagen real. ¿Cuánto varían los cánones de proporción entre ciudades? ¿Se emplearon talleres itinerantes o maestros locales? ¿Los materiales y herramientas dejan firmas identificables? Responder a eso exige comparar Hermópolis con Memfis, Tebas y Abidos, y publicar modelos 3D abiertos a la comunidad académica.
Lo que viene: exhibición y acceso
¿Dónde se verá el coloso? La lógica sugiere dos alternativas: exhibición in situ en el parque arqueológico de el-Ashmunein con pasarelas y paneles, o traslado controlado a un museo regional que garantice microclima y seguridad. En ambos casos, la clave es el relato: explicar, con mapas y cronologías, por qué un rey del siglo XIII a. C. colocó su imagen monumental en la capital de Thot y cómo esa pieza reapareció después de 96 años.
La puesta en escena no requiere artificios: bastan buena iluminación, un recorrido que permita ver el encaje, y recursos digitales accesibles (códigos QR con el modelo 3D, videos cortos de la consolidación). Más importante aún: acceso a los datos. Publicar la memoria técnica, las analíticas y la bibliografía permitirá que la comunidad verifique y construya sobre el trabajo hecho. Ese es el estándar internacional hoy, y Egipto lo ha asumido en varias misiones recientes.
Por ahora, el hallazgo de Hermópolis Magna invita a una lectura clara: cuando la arqueología suma método, cooperación y paciencia, las piezas –literalmente– encajan. Y en ese encaje, Egipto gana un testimonio más de su larga conversación entre política, religión y piedra tallada.
Preguntas frecuentes
¿Dónde se encontró la pieza? En el yacimiento de el-Ashmunein, antigua Hermópolis Magna, en la gobernación de Minya (Medio Egipto).
¿Quiénes participaron en el hallazgo? Una misión conjunta egipcio-alemana en coordinación con el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto. Las notas oficiales se difundieron en 2024.
¿Cómo se sabe que pertenece a un coloso de Ramsés II? Por la coincidencia de superficies de fractura y proporciones con fragmentos documentados desde los años veinte, y por epigrafía real asociada al conjunto.
¿Qué significa que “vuelve tras 96 años”? Que piezas del mismo coloso fueron registradas a finales de los años 1920 y que, casi un siglo después, aparece el fragmento que permite reencajar el conjunto.
¿Cuándo y dónde se exhibirá? Las autoridades deben definir si se presentará in situ en el-Ashmunein o en un museo regional de Minya. El calendario dependerá de la consolidación y el montaje.
¿Puede cambiar la identificación en el futuro? Es poco probable si la epigrafía es inequívoca, pero la arqueología revisa hipótesis con nuevos datos. Publicaciones técnicas y modelos 3D ayudarán a verificar.
¿Dónde ampliar contexto y lecturas? En soycodigo.org y en la selección de libros sobre patrimonio, Egipto y arqueología.
📷 Imagen referencial de archivo editorial











