Jacobo Grinberg-Zylberbaum (1931–1994) es una figura que ocupa un lugar intermedio entre la biografía intelectual y la leyenda pública en México. Psicólogo e investigador, buscó articular una explicación del fenómeno de la conciencia que no estuviera contenida ni en el reduccionismo neurobiológico clásico ni en el misticismo puro. Su propuesta, conocida como teoría sintérgica, se volvió núcleo de su trabajo y también foco de la crítica y la fascinación. Entenderla exige mirar tanto el contenido de la hipótesis —qué dice sobre la relación entre cerebro, percepción y realidad— como el contexto que la hizo posible y las consecuencias sociales y científicas de llevar ideas de frontera al discurso público.
Qué plantea la teoría sintérgica: una hipótesis intermedia
En términos sencillos, la teoría sintérgica plantea que la conciencia no es un mero subproducto pasivo de actividad neuronal ni una entidad que existe aislada en el plano metafísico. Según la formulación de Grinberg, existe una estructura o campo informacional —a menudo referido como «campo sintérgico» en sus escritos y entrevistas— que organiza la experiencia perceptiva. El cerebro, en esta lectura, opera como un transductor o resonador: filtra, amplifica y hace manifiesta una porción de ese campo. De ahí que percepción y realidad se configuren como procesos co-creativos, no como una reflexión exacta del mundo «ahí afuera».
Es importante subrayar el estatus epistemológico de esta afirmación: la teoría sintérgica es una hipótesis integradora. No presenta una verificación empírica incontrovertible en términos de repetibilidad experimental aceptada por la comunidad neurocientífica; más bien propone un marco conceptual para leer fenómenos difíciles de encuadrar, como experiencias compartidas, estados alterados de conciencia o lo que Grinberg interpretó como apariencias de comunicación no verbal entre individuos. La hipótesis pretende dar cuenta de esos fenómenos sin renunciar a un lenguaje vinculado a la neurofisiología.
Por qué Grinberg formuló esta teoría: causas intelectuales y culturales
Para comprender las causas de su propuesta hay que vincular varias líneas: la insatisfacción con explicaciones reductoras del cerebro, la recepción de tradiciones indígenas y prácticas chamánicas en México, y un clima intelectual global que, desde los años sesenta, interpeló los límites entre ciencia y experiencia subjetiva. Grinberg trabajó durante décadas en el cruce entre psicología experimental y observación de prácticas rituales y terapéuticas; no se trató solo de una curiosidad etnográfica, sino de un intento deliberado de que esas experiencias alimentaran una teoría rigurosa sobre la conciencia.
Además, el historial de investigación sobre estados alterados de conciencia y fenómenos como la telepatía o la sincronicidad sufrió un giro en la segunda mitad del siglo XX: hubo periodos de atención científica más abierta seguidos por rechazo o marginalización. La propuesta sintérgica aparece en ese terreno de tensión, como esfuerzo por construir un puente conceptual que preservara la seriedad investigativa sin ignorar datos fenomenológicos que la ciencia dominante tendía a descartar.
Actores involucrados: quiénes apoyaron, quiénes rechazaron
El actor central es, por supuesto, Jacobo Grinberg-Zylberbaum. Pero su obra movilizó a distintos colectivos: investigadores y divulgadores interesados en la conciencia, comunidades espirituales y de «New Age» que encontraron en la sintérgica una validación teórica, y audiencias populares que consumieron sus libros y participaban en talleres. En el extremo opuesto, la comunidad neurocientífica institucional y los críticos escépticos señalaron la falta de pruebas replicables y la mezcla discursiva de terminología científica con conceptos metafísicos como un problema metodológico.
También actuaron como actores indirectos las tradiciones chamánicas y los curanderos cuyos procedimientos Grinberg documentó y respetó como fuentes de conocimiento empírico sobre la experiencia humana. No es correcto hablar de fusiones literales entre ciencia y chamanismo; más bien, hubo un intercambio: observaciones y prácticas rituales alimentaron hipótesis que Grinberg intentó formalizar con lenguaje psicológico y biofisiológico.
Consecuencias intelectuales y culturales: impacto real y simbólico
Las consecuencias de la teoría sintérgica se pueden leer en dos dimensiones: intelectual y cultural. Intellectualmente, la sintérgica contribuyó a sostener la discusión sobre la necesidad de marcos interdisciplinarios para estudiar la conciencia. Aunque la hipótesis no desplazó paradigmas establecidos en neurociencia, sí propició preguntas sobre la metodología: ¿cómo medir experiencias compartidas? ¿qué criterios de evidencia aplicar a fenómenos donde el sujeto, el contexto y la narración son ineludibles? Estas preguntas han alimentado discusiones en psicología transpersonal, estudios de la conciencia y corrientes críticas dentro de las neurociencias.
En el terreno cultural, el impacto fue palpable en México. Grinberg introdujo una articulación intelectual que legitimó, a ojos de muchos, la idea de que saberes indígenas y prácticas chamánicas podían dialogar con una investigación seria. Esto contribuyó a la revalorización pública de ciertas tradiciones y al florecimiento de talleres, libros y seminarios que se inscribieron en la estela de su obra. La desaparición de Grinberg en 1994 también añadió un componente mítico a su legado, aumentado el interés público y literario por su figura y sus ideas.
Limitaciones y estado de la evidencia: qué sabemos y qué queda por demostrar
Cumpliendo una distinción fundamental: planteamientos teóricos no son pruebas empíricas. La teoría sintérgica propone mecanismos y ofrece interpretaciones, pero las pruebas experimentales que la respalden de manera reproducible y aceptada por la comunidad científica son limitadas o controvertidas. Grinberg reportó hallazgos y casos que él y sus colaboradores consideraron significativos; sin embargo, la falta de protocolos estandarizados, la dificultad de replicación y la mezcla de relato fenomenológico con términos científicos han sido obstáculos para su aceptación universal.
Esto no invalida el interés de la propuesta como motor de hipótesis testables. Por ejemplo, su énfasis en procesos relacionales y campos informacionales invita a diseñar experimentos que controlen variables contextuales en tareas de percepción social, o a integrar medidas neurofisiológicas más rigurosas (EEG, fMRI) con protocolos de replicación. La contribución práctica, por tanto, podría estar en abrir líneas de investigación que hoy siguen siendo marginales pero técnicamente explorables.
Implicaciones para investigadores, comunicadores y público informado
Para investigadores: la lección es doble. Primero, la importancia de construir protocolos replicables cuando se exploran fenómenos limítrofes; segundo, reconocer el valor heurístico de hipótesis que integran datos cualitativos con modelos formales. Para comunicadores y periodistas, la actitud recomendada es crítica y contextualizada: explicar las intuiciones que hacen fructífera una teoría sin sobrepasar lo que la evidencia sostiene. Para el público, la teoría sintérgica funciona como invitación a pensar la conciencia como un problema abierto, que exige tanto rigor experimental como humildad epistemológica.
En suma, la teoría sintérgica de Jacobo Grinberg constituye una apuesta por entender la experiencia humana en su dimensión relacional y contextual. No es una teoría cerrada ni un paradigma consolidado, pero sí una propuesta que ha influido en la cultura intelectual mexicana y que sigue ofreciendo preguntas valiosas para quien quiera investigar las fronteras entre cerebro, mente y mundo.
📷 Imagen referencial de archivo editorial
























